Pablo Emilio Obando A
En una época donde la prisa suele condenar al olvido a los verdaderos hombres de letras, reaparece con luminosa dignidad la memoria de un intelectual nariñense que hizo de la palabra una forma de existencia. El libro Genio e Ingenio de un Quijote, de Stella Martínez Guerrero, constituye mucho más que una evocación familiar: es un acto de justicia cultural hacia la vida y la obra de Carlos Martínez Madroñero, uno de esos personajes silenciosos cuya grandeza no dependió jamás del aplauso fácil ni de los reflectores de ocasión.
Nacido en Pasto, Carlos Martínez Madroñero mostró desde temprana edad una inclinación profunda por la palabra, esa materia invisible que terminó convirtiéndose en el eje absoluto de su existencia intelectual y creativa. La suya no fue una carrera edificada sobre la vanidad de la notoriedad pública, sino una vocación discreta, sostenida con paciencia y fidelidad a lo largo de los años. Vivió para enseñar, para escribir y para cultivar el espíritu, como si entendiera que la cultura es también una forma de resistencia frente al ruido y la superficialidad.
Consagró buena parte de su vida a la docencia, oficio noble desde el cual sembró pensamiento y sensibilidad en varias generaciones. Pero fue igualmente fundador y director de los semanarios Arlequín y Colombina, publicaciones periódicas que alcanzaron singular reconocimiento por la agudeza de su humor, por la inteligencia de sus comentarios y por ese ingenio fino que caracterizó siempre su personalidad literaria. Allí se reveló un hombre capaz de observar la realidad con ironía elegante, sin estridencias, pero con la profundidad de quien conoce las complejidades humanas y sociales.
El libro de Stella Martínez Guerrero recoge precisamente esa dimensión múltiple de Carlos Martínez Madroñero: el poeta, el periodista, el educador, el gestor cultural y también el hombre profundamente vinculado al espíritu del carnaval y de las expresiones populares. Cada página parece construida con afecto y admiración, pero también con rigor documental. La autora recompone la historia íntima y pública de su padre, rescata escritos dispersos, referencias críticas, reconocimientos y testimonios que permiten entender la dimensión de un personaje cuya obra merece ocupar un lugar más visible dentro de las letras nariñenses y colombianas.
Uno de los grandes aciertos de esta publicación es, sin duda, el prólogo escrito por Vicente Pérez Silva, figura mayor de la cultura regional y nacional. Hablar de Vicente Pérez Silva es referirse a uno de los más sólidos referentes intelectuales del departamento de Nariño y de Colombia. Hombre culto y brillante, integrante de aquella generación de oro de las letras nariñenses, su presencia en esta obra otorga una dimensión aún más significativa al homenaje.
Con la lucidez que lo caracteriza, Vicente Pérez Silva define a Carlos Martínez Madroñero como “un verdadero innovador en los módulos de la expresión poética”, un poeta que otorgó movilidad a la métrica y se apartó de los cánones imperantes. Lo describe además como un creador de “suaves tonalidades”, dueño de acentos inconfundibles, donoso en el ritmo, dúctil en la forma y profundamente original en sus imágenes poéticas. Son palabras que no provienen solamente de la amistad o de la cortesía intelectual, sino del criterio autorizado de quien conoce profundamente la tradición literaria colombiana y latinoamericana.
Y es que Vicente Pérez Silva representa justamente esa estirpe de humanistas cuya grandeza no se limita a la erudición. Su don de gente, su afabilidad y su permanente disposición hacia la cultura lo han convertido en un símbolo vivo de la memoria intelectual de Nariño. Su participación en esta obra no es un simple acompañamiento protocolario; es la confirmación de que el legado de Carlos Martínez Madroñero posee un valor auténtico dentro del panorama literario regional.
La belleza editorial del libro merece igualmente una mención especial. Se trata de una publicación cuidada con sensibilidad estética, enriquecida con anexos fotográficos de enorme valor testimonial y emocional. Cada imagen parece abrir una ventana hacia una época distinta de la vida cultural pastusa, permitiendo al lector acercarse no sólo al escritor, sino también al ser humano detrás de la obra. Resulta además digno de reconocimiento el respaldo brindado por la Alcaldía de Pasto y la Secretaría de Cultura Municipal de Pasto, instituciones que hicieron posible esta edición y que demuestran, con este gesto, que la cultura también se preserva rescatando las voces que ayudaron a construir la identidad de una región.
La presentación de Genio e Ingenio de un Quijote se convirtió así en una verdadera celebración de la memoria cultural nariñense. Una noche para escuchar y valorar la presencia simbólica de tres grandes figuras: Stella Martínez Guerrero, heredera y custodio de un legado entrañable; Carlos Martínez Madroñero, cuya voz continúa viva en sus versos y en su humor inteligente; y Vicente Pérez Silva, maestro de maestros, faro luminoso de la literatura colombiana.
Más que la simple aparición de un libro, el evento representó una reivindicación del humanismo, de la palabra y de la cultura como patrimonio espiritual de los pueblos. Porque mientras existan obras como esta, y mientras haya lectores dispuestos a descubrirlas, personajes como Carlos Martínez Madroñero jamás serán condenados al olvido.

