Se termina el primer mes del año 2022, importantes acontecimientos dejan al Departamento de Nariño un legado de alegría, cultura y tradición, ya que los carnavales, y visitas turísticas tiñen el color de la unión y el descanso en cada una de las familias nacionales e internacionales.
Se consolidó en Pasto como frase popular: “No se nace en vano al pie de un volcán” gracias a la canción del cantautor pastuso Lucio Feuillet, quien es el creador de varias canciones dedicadas al sur, conmemora y resalta la cultura, el arte, los paisajes, los artesanos, su gente carismática, también se suma a la frase el magnífico mural de Sebastián Bucheli, pintado al frente del Colegio La Normal Pasto, esta expresión del arte se ha convertido en un símbolo representativo de la semiótica y la semántica del Departamento. Por ende, nacer al pie del Urcunina, montaña de fuego, más conocido como Volcán Galeras, es un ícono de la tierra fértil que baña a sus alrededores con sus ríos, que alberga la tradición y la cultura de nuestros ancestros, al igual que en sus rocas se guarda la memoria del saber ancestral que impregna de identidad y cultura, al contemplarlo desde cualquier ángulo visible de estas tierras, conecta como tejido humano y entrelaza como tierra sureña, contemplarlo implica caer en un hechizo con su belleza, implica nutrirse de su rugir y fuerza, involucra entrar al cuento de la música, bailar al son de flautas y zampoñas, implica caer dormido en tierras inexploradas de encanto, alegría y misticidad, implica caer en la magia del carnaval.
Imponente Urcunina es fuente de inspiración para cientos de maestros y artistas del carnaval que tallaron en su pensamiento, y después con sus manos el encanto de esta tierra, desfiguraron la realidad, dieron paso a desinhibirse de las formas y complejidades de la vida, de lo rutinario y moralista, cegados por la magia del galeras, cayeron en el sueño de la alegría, y sus sentires fueron abiertos al descubrimiento de los colores, al conocimiento de ciertas personalidades míticas que solo habían escuchado hablar a sus abuelos, cuando caía la tarde alrededor de una tulpa mientras tomaban café con arepa, coloquialmente: tortilla.
Personalidades que al escucharlas en esos relatos producían miedo: ¡El duende! decía la abuela, ¡La viuda! contaba el abuelo, y que solo podían ser imaginadas con esa mentalidad de niños, pero ahora como portadores de la inspiración y magia del Urcunina vislumbraron y trajeron a la vida a esos personajes que superaron el umbral del mito, ahora con su don de artistas tallaron sus rostros, sus cuerpos majestuosos, les impregnaron color y esencia, les dieron vida a través de esa música sureña, sonidos andinos, y campesinos que rememoran nuestras raíces, pues al son del sonido, el baile y la alegría por tener carnales nuevamente, avanzan estas personalidades conquistando el inicio de año en las principales calles de la Ciudad sorpresa.
El espléndido volcán es sabedor ancestral, comunicó a sus artistas del carnaval aquellos ritos y celebraciones de ancestros, quienes tiempo atrás sobre el Valle de Atriz agradecieron con sus festividades la prosperidad de su cosecha, el agradecimiento a la Pachamama, a la Killa, al Inti, estuvieron presentes, cobrando vida, superando el lumbral del tiempo con la magia del carnaval a través de sus artistas, quienes tejen vestimentas tradicionales, quienes colorean rostros, quienes llevan el mito a las sendas del carnaval.
Hablando con artesanos del Departamento, un caracol, por ejemplo, que a los ojos de los mortales su significado es irrelevante y poco comprensible, pero un portador de la inspiración de la magia del carnaval para un maestro que desmenuza la existencia de ese pequeño ser entre la grandeza y lo irreal, ese caracol montado en aquella carroza solo pudo ser visto y tener vida con la mentalidad de un niño en su inocencia e imaginación, el maestro bajo el encanto del Urcunina logró ver con ojos inocentes, y así multitud de ejemplos.
Esa magia mítica y poco entendible entre líneas, sólo pueden traer al plano real los artesanos del carnaval, y además es transmitida año tras año al pueblo pastuso, que como un ritual sagrado inicia su año con fervor y alegría porque ha iniciado su carnaval. Sabedores de que su identidad cultural se condensa en aquellos días de enero, los Nariñenses mudan sus rostros cansados en alegría, saltan, gritan con orgullo: ¡que viva Pasto carajo!, al ver desfilar las obras maestras de los hijos del Galeras, como si en sus entrañas sintieran el orgullo del fruto de su tierra plasmado en arte.

